Maritén y Peñicura

 

De cada lugar salían hombres y mujeres para acudir a Curacautín y dar gracias a Dios (Ngenechen), expresando sus plegarias y ofreciendo ritos en agradecimiento a las estrellas, que daban los frutos y las buenas cosechas”. En ese lugar, mapuches llevaban semillas y los frutos de sus cosechas para realizar trueque con pehuenches y Pillanes quienes traían sus productos de la caza. Pero esta vez no sólo traían eso, en aquel grupo del otro lado de Los Andes, venía Maritén, “una hermosa muchacha de esbelta figura, con su tez dorada por la brisa de la pampa, que despertó desde ese primer encuentro e el amor del joven Cacique Peñicura, elegido por Ngeneche, para conducir con sabiduría y vigor su pueblo”

 

 

“ En la primera mirada sus ojos absorbieron la savia de amor que brota desde el corazón de la juventud y cruzando pocas palabras ese mismo atardecer Maritén y Peñicura acordaron internarse en la selva quien abrigó aquella noche su secreto amor, dichoso e imponente”….. Después de varias horas juntos, “ con su mejor sonrisa la luna camina hacia su ocaso, y empieza el reinado del sol, era hora de volver”.

 

Una vez de vuelta en el cahuín, el padre de Maritén ve a los enamorados volver tomados de la mano, pero sin conmoverse y dominado por la rivalidad de las tribus ordena bruscamente a Maritén ir al lado de su madre y emprender de inmediato el regreso a sus tierras. Ësta ahogada en llanto cumple la voluntad de su padre, mientras Peñicura con su voz quebró el aire y como una flecha en el corazón de todos hundió aquel grito desesperado que esclamaba “¡¡¡¡¡Maritén!!!!!.

 

Año tras año, esperó Peñicura el regreso de su amada, pero éste nunca llegó. Hasta que un día unos forasteros le contaron que Maritén nunca alcanzó a volver a sus tierras, en pleno trayecto, con el corazón puesto en Peñicura, exclamó su nombre, llegando éste a los oídos su padre, quien enfurecido le gritó:”……………

¡Quédate maldita hija de mi raza!.....muchos soles y lunas verán tu cuerpo como una roca antes de caer al río…serás la eterna amante esperanzada en un encuentro de feliz amor, que perdidos en el tiempo sólo encontrarán la paz en las palabras de una leyenda increíble.” Tras una terrible tormenta, aparecieron los rayos de sol, que caían sobre una enorme roca al borde de la ribera del Río Bio- Bio, como observando el majestuoso paisaje, ocupando el lugar donde poco antes había estado Maritén.

 

Tras escuchar esta historia, angustiado al cacique decide ir en busca de su amada, “recorre parajes, cerros y campiñas, luna tras luna, sin encontrar jamás a la joven; el dolor y los años han convertido a Peñicura en un ser trastornado por el eterno vagar, atormentado por incoherentes pensamientos, tan cansados como sus propios pasos”……

 

Así lo recuerdan y lo han visto los ancianos, como aquel que con un mate e mano recuerda el día en que Pehuencura (como fue conocido luego, Pehuencura = símbolo del pino cordillerano), un gigantón amigable y olvidadizo, tras una de sus expediciones, llega con sus pies con un hilillo de sangre…”fue la roca”, le dijo, respondiendo a una pregunta que nunca la hizo. El anciano reflexiona y ¡Claro! Pehuencura, viniendo desde Malalcahuello, y para cruzar el río Cautín, saltaba desde la piedra hasta la otra ribera del río, el peso del gigante y la fuerza del impulso hizo que sus pies se hundieran en la inmensa roca, y como testigo de ese hecho están las heridas, por donde la sangre manaba lentamente y la huella de su pie sobre la roca milenaria.